14 Años y un Pañal (Capitulo 3)
Desperté en la cuna-cama enorme. Las luces estaban apagadas
y solo podía ver las estrellas de luz que salían de una lámpara giratoria en el
centro de la habitación. Me miré a mí mismo, con tan solo un grande y grueso
pañal de bebé puesto. Intenté arrebatarlo, pero entonces me di cuenta de un par
de problemas más: mis manos estaban cubiertas con dos enormes guantes,
parecidos a guantes de cocina, pues no me permitirían mover mis dedos. No sería
problema arrancármelos con los dientes, pero también tenía un chupete que se
aferraba a mi cabeza por una banda.
Intenté calmarme, pero al mismo tiempo estaba asustado.
Esperé, por bastante, intentando tranquilizarme, el chupete realmente ayudaba. Para empeorar las cosas, las ganas
de ir al baño me invadían. El pis no tardó mucho en salir, de por sí ya había
estado saliendo sin avisar desde tiempo antes. Me estaba acostumbrando a ello.
Pero sin embargo ahora sentía ganas de algo diferente. Mi estomago comenzaba a
dolerme, sentía como mis tripas se agitaban y apretaban mientras intentaba
mantenerlo. Luego recordé lo que había dicho Tomás; ir lento, poco a poco.
Lo que me hizo tener una idea, solo soltar un poco, lo
suficiente como para que mi estómago no explotara por la presión. Así que dejé
de contenerme y me concentré en liberar un poco. Sentí el calor difundiéndose
en mi trasero, una sensación combinada, entre pegajosa y de alivio.
Aunque no era suficiente. Sufrí en silencio por un rato,
quizá una hora, dos o unos diez minutos, quizá. Quise llorar y lo hice, luego
de un rato mis lloriqueos fueron más fuertes y se abrió la puerta de la
habitación. Esa chica, la enfermera, me miró con ternura y se acercó a la cuna.
—¡Parece que alguien está apestoso! ¿Te apetece un cambio?
No dije nada, pero el alivio de saber que sería cambiado me
llenó de dicha, al mismo tiempo que mi pañal se llenaba también, al momento que
dejé salir todo. Ya que era hora de un cambio.
Todo se volvió blanco y desperté en mi habitación. Bueno, la
habitación 23, la mía y de Charly. El pelirrojo me miraba con una sonrisa
traviesa.
—Hey… -saludé aún algo confundido y adormilado.
—¡Hola, amigo! ¿Qué tal tu noche?
—No lo sé, apenas y recuerdo un poco. ¿Cuánto tiempo pasó?
—Solo una semana.
—¡¿Qué has dicho?!
El pelirrojo soltó la risotada mientras caía al suelo.
—No, viejo, solo han pasado unas horas, aunque seguro tienen
en video muchísimo más de lo que recuerdas.
—¿En serio? Todo eso fue tan confuso, y luego solo ese chico
en un pañal diciéndome de que se trataba.
—Sí, eso, ya sabes. Es la tradición, si llegase algún nuevo
le tocaría a otro de los chicos del programa hacer esa intro. Creo que no tiene
mucho de que empezó, desde que a alguien se le ocurrió ir solo en un pañal. Si
lo ves en perspectiva, parece ser como un ritual empático…
Por un momento el Charly que conocía desapareció y me
pareció escuchar a todo un serio intelectual.
—¡Me escucho como todo un nerd! ¿Quieres unas galletas o
helado? ¿Jugar Smash?
Su lado serio no duró mucho y volvió a verme con una sonrisa
cómplice y traviesa.
—No… ¿No deberíamos ir a clases?
—Hoy es sábado, Gabi…
—Oh, lo olvidaba. ¿Acabas de llamarme “Gabi”?
—Decirte “Gabriel” todo el rato me va a cansar —dijo dejándose
caer sobre su trasero en el suelo, como si estuviese tan exhausto de decir mi
nombre. Al momento que hizo eso, pude escuchar un ligero sonido acolchado que
me causó curiosidad.
—Bueno, pues yo te diré “Carlos” entonces. Es tu nombre,
¿no?
—¡Odio que me digan así! –cruzó sus brazos en un puchero.
—Entonces solo dime “Gabriel”, ¿vale?
—Te seguiré diciendo Gabi en secreto.
—Como quieras. Oye, ¿te puedo preguntar algunas cosas?
—Jmm, ok. Solo que no sean cosas aburridas, nunca contesto
cosas aburridas, de la escuela y esas cosas.
Me senté en la cama, preocupado por que hubiese notado mi
pull-up mientras dormía.
—¿Sabes de que se trata este programa?
—¿El Señor Marti no te explicó? Se trata de tu sabes…
—No me dijo claramente, solo que me ayudaría con mi
problema.
—Bueno, a mí me ha dicho lo mismo. Ya sabes, mojar la cama y
eso.
Las mejillas de Charly se ponían rojas y apartó la mirada de
mi tan pronto dijo eso.
—¿Qué tan grabe es lo tuyo, Gabriel?
—Emm, bueno, yo empecé a mojarme de noche y un poco durante
el día.
También sentía como mi rostro enrojecía. No esperaba hablar
de eso, pero igual era un alivio contárselo a alguien.
—Bueno, seguro que te curas pronto. Yo no tengo tanta suerte…
Se levantó del suelo y mirándome con un rostro a punto de
caer en llanto tomó por los costados sus pantalones y los bajó con un solo
movimiento. Mostrándome que llevaba puestos unos abultados pañales blancos, con
diseños de autos de carrera y banderas de cuadros. Cerró sus ojos y creí ver
una de sus lágrimas caer, se veía que se apenaba por eso.
Así que me levanté de la cama y bajé mis pantalones, exponiéndome
en mi pull-up mojado. Vaya sorpresa.
—¡Tú por lo menos estás seco!
Lo tomé del brazo y el abrió los ojos, mirando sorprendido a
mi entrepierna.
—¿También te mojas durante el día?
—Me pasa a veces… -contesté —¿aún podemos jugar al Smash?
Charly volvió a sonreír
y no tardó en encender la consola mientras ambos nos sentábamos en el
suelo a jugar sin nuestros pantalones.


2 comentarios:
Me gusto mucho, ojala y el siguiente capítulo salga pronto.
Hey! Debes seguirla pronto, es realmente buena :)
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