martes, julio 14, 2015

14 Años y un Pañal (Cap 5 / Parte 1)

¡Hola a todos! Disculpen la demora, muchas cosas que me tienen ocupado, pero no me olvido de seguir. Bueno, quería hacer un capitulo más largo, pero tampoco soltarlo todo todo. Así que les va la primera parte y espero el fin de semana tener lo que sigue.

Si pueden dejar comentario o compartir eso siempre se agradece y estimula.
¡A leer!

Capítulo 5

Llegamos en poco tiempo a la escuela, me despedí de Charly apenado, quien parecía ignorarme, mirando disgustado a otro lado, hacia la ventana.

—Descuida, ¡es un bebé berrinchudo! —dijo Estefany mirando a Charly severamente —Ya se le pasará, ¿quieres que te acompañe hasta tu cuarto?
—No, gracias. Estaré bien. Gracias por todo.
—Cuídate cariño.

Tomé mis cosas y me bajé de la camioneta, entrando por la enorme puerta del instituto. Saludé al guardia e intenté caminar lo más normal que el grueso pañal que llevaba puesto me permitía. Ayudaba un poco que los pantalones cortos de Charly me quedaran holgados, por lo menos nadie pensaría a primera vista que era un chico de casi 15 años con un pañal. Presioné el botón del ascensor y esperé a llegar a mi piso mientras me acomodaba en un rincón a intentar olvidarme de todo. Claro, sentir tu trasero apretarse al pegarte a la pared no es la mejor forma de olvidar lo que traes puesto bajo la ropa. El ascensor subió un par de pisos antes de detenerse y abrirse.
Mi cuerpo se estremeció y me llené de miedo cuando el número del piso se mostró y noté que se trataba de mi viejo piso de dormitorios. Me aterraba el hecho de que alguien conocido pudiese verme justo ahora.

Claro, mi suerte no podía ser peor este día. ¿Quizá había pasado por debajo de una escalera sin notarlo?

—¿Gabriel? —mi viejo compañero de habitación apareció del otro lado de la puerta del ascensor, subiendo dentro —llevaba un polo gris, pantalones cortos de natación y unas sandalias.
—Ho…Hola, Dylan. ¿Qué hay? –dije nerviosamente, acomodando mi mochila hacia delante de mis pantalones cortos.
—¡Hombre! ¿Dónde te metiste? Solo me dijeron que te cambiabas de clase y se llevaron todas tus cosas.
—Oh, cosas de la administración… no sé, no saben ni lo que hacen.
—Vaya. ¡Puedes presentar una queja si quieres!
—No, no… estoy bien, por lo menos tengo mi propio cuarto –mentí.
—Bueno, iré a la piscina del piso 30 ¿vienes?
—No, tengo… tarea que hacer.
Me miró un rato, como extrañado, pero finalmente llegué a mi pisó.
—¿Aquí está tu dormitorio? Puedo hacerte una visita luego si quieres, con los demás chicos…
—Oh, no, no… Yo solo debo pasar a la biblioteca de este piso, olvidé… mis notas.
—Ok… bueno, nos vemos luego.
La puerta del ascensor se cerró y con ello por fin pude sentir algo de alivio, aunque aquella sensación duró muy poco pues mi estómago comenzó a dolerme tanto que no pude evitar doblarme y gemir.
—Debes cuidar tus mentiras, en este piso no hay ninguna biblioteca —escuché decir a un chico que salió tras de mí, sorprendiéndome —¿Estás bien?
—He estado mejor…
—¡Buuuu! —Gritó otro chico saliendo por el otro lado, no es como si me asustara, pero justo en ese momento mis entrañas no pudieron más y explotaron estrepitosamente en mis pantalones cortos.
Ambos chicos parecieron notarlo y mientras tapaban sus narices con sus manos yo solo pude sonrojarme y pedir que la tierra me tragara mientras defecaba en mi pañal frente a dos chicos extraños.

—¡Vaya! ¿Sí que te he asustado, eh? ¡Mi poder para espantar es más fuerte que mil laxantes! ¡Muajaja! —dijo el chico de lentes y cabello castaño mientras parecía reírse burlonamente.
—¡Deja de molestarlo, Mark! Debemos llevarlo a la enfermería —el otro chico parecía agradable, era alto y muy blanco, además de tener un cabello liso y casi cenizo.  
—¿Pero qué dices? ¡Déjalo que disfrute un poco del paquete!  —el chico de lentes me soltó un fuerte golpe en el trasero con su mano abierta, puede sentir todo el desorden expandiéndose, era horrible.
—¡Mark! ¡Eso no parece gustarle! Déjalo en paz…

Entre sollozos, el otro chico me tomó de la mano y con una sonrisa comenzó a guiarme a la enfermería. Me sentí como un niño pequeño que había tenido un accidente, caminando despacio e embarazoso con mi trasero y ese horrible olor incomodándome.
Finalmente llegamos a la enfermería, era un lugar que apestaba a alcohol y a limpieza, por más raro que eso sonara. Como si fuera un hospital. Mi mente conectó esa sensación con la horrible sensación de una inyección y me estremecí.

—¡Hola Doña G! —gritó el chico de lentes entrando tras nosotros.
—Mark –respondió la señora de la enfermería, una mujer grande pero de un aspecto tierno, tal como si fuera una abuela que hornea galletas. —No pensé que te volvería a ver tan pronto. ¿Ya ha terminado la cacería?
—¡Claro que no, Doña G! ¡La cacería nunca termina! Solo le traemos a un pañal sucio nuevo por acá…
—Pues se los agradezco niños, yo revisaré a su amigo. Pueden esperar afuera.
—Muy bien, esperaremos Señora Gladys —dijo el otro chico arrastrando a Mark también.
—¡¡Oye, pero yo quiero ver el cambio del nuevo!!

Tan pronto salieron la enfermera puso el seguro a la puerta, lo que me dio un poco de temor, debo admitir, pero en seguida se me pasó cuando el rostro de la mujer pareció notarlo.

—Descuida, solo es para evitar que ese niño haga cosas…  Ahora dime tu nombre, por favor.
—Ga-gabriel.
—Ya veo, el chico nuevo. No esperaba verte tan pronto y mucho menos por un cambio, tu expediente médico no indicaba más que una leve infección urinaria. ¿Te has sentido mal hoy?
—Sí, mi estómago, me duele desde hace rato.
—Tendré que hacerte un chequeo.

La mujer me tomó de mis axilas y me levantó con una facilidad asombrosa hasta una mesa acolchada. Puede haber gritado, pero al mismo tiempo el asombro me dejaba mudo. Comenzó a desvestirme, solo quitándome la playera e indicándome que me acostara en la mesa.

—No te asustes, niño, son cosas de rutina. Te presionaré un poco el estómago en algunas partes y tú me dices si te duele.

No pude ni asentir con la cabeza cuando ya utilizaba sus dedos para presionar mi estómago, picándolo como si estuviese revisando la llanta baja de un auto.  

—¿Duele aquí?
—No… —mentí a pensar de que me dolía un poco, pero era por lo menos soportable.
—¿Aquí?
—No.
—¿Qué tal acá?
—¡Ahh! —un dolor punzante recorrió mi cuerpo, obligándome a doblarme.
—Oh, parece tienes irritado el intestino. ¿Comiste algo anormal hoy? ¿Quizá pescado o carne en mal estado?
—Me empezó a doler luego de comer un hot-dog en el cine…
—Bueno, pues no hay mucha garantía de que sea solo eso, pero puede ser en parte. Te recetaré un par de medicamentos. ¿Puedes tomar pastillas o prefieres un jarabe?
—Puedo tomar pastillas…
—Perfecto, entonces te tomarás dos de este frasquito antes de dormir y otras dos al despertar.
Me dio un frasquito en las manos y nuevamente me indicó que me acostara en la mesa.
—Saquémoste de esos pañales sucios. Veo que estabas bien protegido, aunque estos son los de Charly, ¿me equivoco?
—No, ¿Cómo sabe eso?
—Bueno, damos a cada niño aquí una selección de pañales a escoger. Charly es el único que usa modelos tan gruesos. Pero parece te han servido bien, ¿quieres unos iguales?

No estaba nada de acuerdo en volver a ser puesto en pañales, pero mi situación parecía estar fuera de mis manos, pues ahora tenía otro problema con mis intestinos.

—Sí, está bien.

La señora Gladys bajó mis pantalones cortos hasta que quedaron colgando al borde de mis pies. Se acercó a los costados y desprendió las cintas del pañal, con otra mano levantó y dobló mis piernas hacia mi rostro, mientras retiraba el pañal sucio y lo envolvía sobre sí mismo. De debajo de la mesa extrajo un par de toallitas húmedas y me limpió con excesivo cuidado mi trasero, una rápida nube de talco cubrió la habitación y fui puesto en un pañal fresco, idéntico al anterior.

—¡Ya estás listo! —dijo tomándome nuevamente de las axilas y depositándome de pie a un lado de la mesa.

Yo tímidamente tomé mi ropa y comencé a vestirme.

—No olvides tus pastillas y venir a verme en caso de que necesites un cambio.
—Sí… —me limité a responder, aun consternado.
—Y no te preocupes, Gabriel. He visto casos más graves que el tuyo y volver a la normalidad. En poco tiempo volverá todo a su orden.

La señora Gladys me sonrió mientras pronunciaba aquello, como si leyese mi mente y tratara de alegrarme. Le respondí la sonrisa lo mejor que pude y salí de la enfermería luego de que ella abriera la puerta para despedirme.

A la salida, sentados en el piso estaban los dos chicos con los que me había topado antes. No sabía cómo sentirme respecto a ellos, pero tan pronto me vieron se levantaron para acercarse.  

—¿Todo mejor? –me preguntó el chico alto.
—Sí, gracias por ayudarme a encontrar la enfermería. Se los debo.
—¡Sí, y una enorme! —dijo Mark con cara de enfado -¡Te costará 5 boletos exactamente!
—¿Boletos?
—Oh, yo te explicaré… —dijo el chico alto tomándome del hombro —Pero primero déjame presentarme, Soy Daniel Rivera y este otro tonto es Marcos Castillo. Mucho gusto.

5 comentarios:

Anónimo dijo...
martes, julio 14, 2015

Hola!!! Gracias por el cap lo estaba esperando pero una cosita y tienes otro de si te comportas commo bebe...... porfavor quiero seguir leyendo :/

Anónimo dijo...
miércoles, julio 15, 2015

Hola que tal

Tus historias estan geniales, las leo con mucho gusto yo soy AB, no dejes de redactarlas :P

Saludos

Tamit dijo...
viernes, julio 24, 2015

Espero que lo sigas y no desparezcas de nuevo! e.e

Anónimo dijo...
jueves, julio 30, 2015

Esta bien genial tu historia de 14 con pañal es linda sigue asi enserio ...

Anónimo dijo...
miércoles, noviembre 25, 2015

dorian actualiza tu pagina y coloca el capitulo completo mas el capi especial shiiii me fasina tu historia
me moria de la emocion con el capitulo 5

Publicar un comentario