14 años y un Pañal (Capítulo 4)
Jugamos gran parte de la mañana, tanto que tuvimos que
cambiar las baterías de los controles. Luego de un rato tocaron a la puerta de
la habitación, Charly salió disparado a la puerta y tomando la tarjeta de
entrada se acercó para abrir la cerradura electrónica.
—¡Hey, Charly! –le grité para que se detuviera.
—¿Qué pasa? —dijo dándose la vuelta a centímetros de la
puerta.
—Tus pantalones –pronuncié con una sonrisa mientras miraba
hacia sus piernas.
El pelirrojo se puso colorado y tomando sus pantalones del
suelo se los puso rápido y abrió la puerta. Quien esperaba en el pasillo era el
hombre de las entregas de alimentos. El
instituto tenía unas cuantas cafeterías que alimentaban a todos los estudiantes,
más que un sitio donde comer, eran cocinas enormes donde trabajaban muchos
cocineros y junto a una lista programada de alimentos servían 3 comidas al día
directo a las habitaciones. Charly volvió con 2 bandejas servidas.
—¡Ya está el almuerzo! —Gritó con entusiasmo mientras me
dejaba mi bandeja en mi cama.
Lo suyo se veía apetitoso; unas tostadas untadas con crema,
unas fresas al lado y una malteada de chocolate.
Lo mío no estaba mal; un emparedado de atún, una manzana y un juego de
naranja.
Me sonrió mientras comía, dio un gran sorbo a su malteada y
le quedó la huella de un bigote de leche sobre los labios. No pude evitar reir
y sacar el jugo de naranja por mi nariz mientras reía más. A mi risa se unió la
de Charly y así siguió por un rato hasta que ambos paramos de a poco y seguimos
comiendo entre risillas.
—¡Me iré a la enfermería! —Gritó el pelirrojo apartando su
bandeja vacía de sus rodillas y levantándose de la cama.
—Oh, ¿te sientes mal?
—No, no. Yo solo iré por un cambio -dijo sonrojándose un
poco. —Ya sabes, mi problema es más grave que el tuyo… No me basta con ponerme
un pañal nuevo.
—Está bien, no me expliques los detalles. Ve.
Un poco avergonzado, Charly salió de la habitación. Podía
imaginarme a qué se refería con obtener un cambio. Quizá era lo mismo que había
pasado el día anterior cuando había salido corriendo. Después de todo, si el
chico llevaba un pañal seguro era más que por mojarse en las noches y
ocasionalmente durante el día, como era mi caso.
El teléfono sonó tocando la canción de Mario bros, así que
lo tomé y deslicé el botón en la pantalla para contestar.
—¿Bueno, bueno?
—¿Charly, hola?
—¿Perdón?
Por un momento me desconcerté y al siguiente me di cuenta.
El que había tomado no era mi celular. Al parecer Charly tenía el mismo tono
que yo.
—Oh, disculpe… creo que me equivoqué al tomar el teléfono.
Emm… ¿quiere dejar algún mensaje a Charly?
Se escuchó una linda risa de mujer por la bocina del móvil.
—Ok. Si puedes dejarle un mensaje. ¿Eres su nuevo compañero
de habitación?
—Sí. Soy Gabriel.
—¡Oh! Así que tú eres Gaby, pensé que se trataba de una
chica cuando me contó de ti.
—¡Ese tonto! —me molesté al instante y luego me sonrojé,
culpable. —disculpe señora, no quise ofender a Charly.
—¿Sueno tan vieja? No soy su madre, solo su hermana. Pensaba
en llevarlo a la Matiné del cine en unas horas ¿te gustaría acompañarnos?
¡Hace mucho que no veía una película en el cine! Me mataba
de ganas.
—Sería genial. Creo que deberé pedir permiso a mis papás.
—Sí, pide permiso a tus papis y me avisas. Llamaré en un
rato, ¿ok?
—Ok —afirmé con la cabeza aunque ella no podía verme.
La chica colgó el teléfono, con lo que me apresuré a buscar
el mío y llamar a mi mamá. Ni siquiera sabía que película veríamos, pero me
emocionaba tanto lo de ir al cine que creo se me escapó algo de pis de la
emoción. Llamé a mamá y le comenté de la invitación. Ella lo dudó un rato, lo
que me pareció eterno pero al final aceptó de mala gana. Le agradecí bastante y
en eso volvió Charly, parecía contento de tener un fondo nuevo.
—¿A qué se debe esa sonrisa? —me dijo viéndome con un rostro
curiosa.
—¿Además de que
parece tenemos el mismo tono de móvil? Tu hermana acaba de hablar.
—¡Genial! ¿Qué dijo?
—Que vendrá en unas horas para llevarnos a la matiné.
Ambos estábamos emocionados. Quizá yo más que él. No había
salido del instituto desde que había entrado hace un año. El lugar tenía acceso
a internet y algunas áreas recreativas, pero necesitaba ver a gente diferente y
quizá caminar un poco afuera del edificio. Charly se despojó de su uniforme, quedándose
solo en su pañal y se fue directo a su armario. Se puso unos pantalones anchos
que cubrían bien su trasero abultado y una linda camiseta de franjas
horizontales amarillas y naranjas. Se mojó un poco el cabello y lo revolvió.
Por mi parte me puse unos jeans y una playera de un rojo
liso. No tenía mucha variedad de ropa para salir, que la verdad nunca había
pensado en salir de mi uniforme desde que había llegado. Bajamos por el
ascensor al lobby y esperamos sentados en la sala de espera mientras el guardia
de la puerta nos vigilaba de vez en cuando apartando la vista del televisor.
Luego de una media hora llena de ansiedad, una chica de
quizá unos 18 o 20 años entró por la puerta principal del edificio. Charly
saltó de su asiento y se acercó para recibirla.
—¡Fany! —gritó emocionado y se lanzó a abrazar a su hermana,
aquello tomó por sorpresa la chica.
Ella era alta, por lo menos un par de cabezas más que
Charly, lo que a mi parecer la hacía verse enorme, aunque era delgada y tenía
un rostro agradable. Su cabello era tan rojo como el de Charly, aunque liso y
caía hasta sus hombros.
—¡Hola hermanito! ¿Ya estás listo para salir?
El pelirrojo solo afirmó con la cabeza y una enorme sonrisa,
al mismo tiempo que levantaba su camiseta y dejaba ver a su hermana el pañal
que sobresalía un poco.
—¡Bien! Igual llevo unos extra en la camioneta por si hacen
falta.
La chica se acercó a mí y me extendió su mano.
—Tú debes ser Gabriel. Soy Estefania, la hermana mayor de
Charly.
—Mucho gusto —dije nervioso tomando su mano.
—Bueno, déjenme hacer el papeleo del permiso para sacarlos y
nos iremos en un momento.
Ambos esperamos por un rato, recordé ir al baño y vaciar mi vejiga
antes de salir. No planeaba tener accidentes, así que me cuidaría de beber nada
y concentrarme en la película mientras me mantenía seco. Estefania volvió con
una sonrisa en su rostro y tomándonos de los brazos nos sacó fuera del
instituto.
Sentir el sol en mis brazos fue genial, hacía tiempo que
extrañaba esa sensación. Caminamos por un par de cuadras hasta llegar a un
estacionamiento, la chica sacó de su bolso uno de esos controles llave y
presionando un botón se activó la bocina de una camioneta no muy lejana.
Era una camioneta muy amplia, quizá pudiesen caber unas 10
personas cómodamente dentro de ella. Los asientos eran tan grandes que al
reclinarse seguro que parecerían camas. Charly subió y enseguida se acomodó en
uno de los asientos, para ser más precisos, se colocó sobre el asiento que
tenía otro asiento encima. Era un enorme asiento para bebé, en el que yo podría
caber fácilmente si quisiera. Charly se acomodó en él y se ajustó su cinturón.
—Conseguiré una para ti la próxima, Gabriel —dijo Estefanía
con un tono de broma. —Por ahora puedes sentarte en el asiento del copiloto.
Así que me senté donde me dijo, dejando en el asiento de atrás
a Charly. No tardamos en llegar al cine, que no estaba muy lejos del instituto.
Por lo menos no en auto.
—¡Fany! ¿Trajiste mi suéter?
—Sí, está debajo de tu asiento, hermanito.
—¿Un suéter en pleno verano? —pregunté girando la cabeza
hacia Charly.
—¡Oye, hace frio en el cine! ¡No te voy a prestar mi suéter!
Reí un poco y bajamos de la camioneta. ¡La cartelera era
toda interesante! Había una de súper héroes, otra de dibujos animados y otra
más de dinosaurios. Yo quería ver la de Súper Héroes, pero tan pronto Charly
vio el cartel de la de Dinosaurios no se cansaba en insistir a su hermana que nos
comprara entradas para esa. Ya que yo era el invitado fingí que también quería
verla. De todas formas me encantaba la idea de ver una película en el cine otra
vez.
Aún quedaba tiempo para la función, así que corrimos directo
al puesto de golosinas. Charly compró una gaseosa grande y unas palomitas,
mientras yo compraba unos chocolates y un hotdog. ¡Justo la última salchicha! Sí
que era mi día de suerte. Hubiese
querido una gaseosa, pero no quería arriesgarme a mojarme cuando no tenía un
cambio.
Entramos a la sala, estaba llena de otros chicos y chicas. No
había ningún espacio con tres asientos libres, así que Estefany nos dio permiso
de buscar solo dos asientos y ella sentarse en otra parte. La función empezó y
bueno, me empezó a gustar más de lo que esperaba. ¡Los dinosaurios realmente
dan mucho miedo! Pero era el mismo tiempo una historia emociónate e
interesante. Quizá hubiese sido genial verla en el cine que estaba un poco más
lejos y verla en 3D.
Llegando a la parte emocionante, luego de un buen rato, mi estómago
comenzaba a moverse de forma extraña y hacerse nudos dentro de mí. ¡No podía
ser! Mi estómago se sintió como una punzada y sentí unas tremendas ganas de ir
al baño.
—Tengo que ir al baño… —susurré a Charly levantándome del
asiento.
—¡Es lo más emocionante! —me gritó a todo pulmón mientras se
escuchaban siseos molestos que le obligaban a callarse.
No le hice más caso y sorteando el montón de gente corrí
hasta el baño. ¡Pero oh sorpresa! Todos los retretes estaban ocupados. Me retorcía
y contorsionaba parado junto a las puertas de los retretes ocupados. Parecía
que hiciese un baile moderno sin música alguna. Mi rostro se puso rojo y estaba
a punto de explotar cuando una puerta se abrió y un niño de quizá unos 5 años
salió por ella, mirándome con una risilla, como si fuera muy divertido viéndome
contener la popo.
Entré con alivió al baño y cerré la puerta con el seguro. No
debí hacer eso… Fue demasiado pronto para relajarme, y antes de que pudiera
bajar mis pantalones ya había vaciado mis intestinos en mi pull-up. No puede
evitar sollozar en silencio, avergonzado y sin idea alguna de como limpiarme.
Quería llamar por teléfono a mi mamá y pedirle que me
ayudara, pero eso era imposible, ella estaba a muchos kilómetros de distancia y
solo la preocuparía. Creo que pasaron unos 15 minutos cuando alguien tocó la
puerta del baño donde yo estaba.
—¡Esta ocupado! —grité entre sollozos.
—¿Gaby, eres tú amigo?
—¿Charly?
Me sorprendió escucharlo, me sentía avergonzado y al mismo
tiempo aliviado.
—¿Está todo bien?
Justo cuando dijo eso otro calambre punzó mi estómago y una
segunda ronda de popo se vació de mi trasero.
—Definitivamente no…
Quité el seguro y empujé la puerta, para que Charly pudiese
verme. Sentía las lágrimas recorrer mis mejillas.
—Ya veo el problema… —pronunció condescendiente —Espera,
¡tengo una idea!
Se quitó su suéter y me lo extendió.
—¿Quieres que lo use como pañal?
—¡No, tonto! Amárralo a tu espalda, se ha filtrado un poco atrás… Déjame llamar a mi hermana, ella podrá
resolver esto.
Acepté y amarré su suéter a mi espalda. Creo que me veía
como un tonto, pero por lo menos nadie se daría cuenta de mi accidente. Caminé
como pude a afuera del baño, parecía que acabara de bajar de montar a caballo,
por mi pose de piernas abiertas, cuidando que la popo no se extendiera más por
mi trasero. Charly llamó por su teléfono y su hermana no tardó en aparecer.
—¡Aquí estoy! ¿Cuál es el problema?
—Es Gabi… se ensució los pantalones.
Estefania me miró con pena.
—¿Tenias protección, cariño?
—Solo mi pull-up –dije en voz baja —esto nunca me había pasado.
Creo que estaba a nada de llorar de nuevo. La chica buscó en
su bolso y sacando una toallita de bebé secó mi rostro de las lágrimas y me dio
un abrazo inclinándose un poco para estar a mi altura.
—Todo estará bien, le sacaremos de esos pantalones
manchados. ¿ok?
Acepté con la cabeza y sonriéndole apenas un poco.
Tuvimos que salir del cine y llevándonos hasta su camioneta,
abrió la parte de atrás, la cajuela y me subió a ella recostándome detrás de
los asientos, aprovechando ese espacio vacío como un enorme cambiador. Me sentía tan indefenso que solo dejé que ella
hiciera todo y me dejé totalmente. Desabrochó mi pantalón y el suéter de Charly,
mi pull-up colgaba y casi se caía de mí.
Reventó la cinta de los lados y lo apartó rápidamente de mí
sin reaccionar ni lo más mínimo a la pestilencia.
—Solo has hecho del 2 una vez, ¿cierto?
—De hecho… fueron 2 veces seguidas.
Estefania me indicó que levantara las piernas, me sonrojé un
poco al pensar que tendría vista de mis partes privadas, pero me limpió rápido
con las toallitas.
—Solo por precaución, te pondré en uno de los pañales de
Charly, ¿está bien?
Acepté moviendo la cabeza.
Tan pronto fui cambiado Charly me ofreció unos pantalones
cortos para cubrir el pañal. Los acepté dándoles las gracias y me los puse.
—Bueno, nos perdimos el final de la película, pero podemos
ir a algún restaurante o algo…
—Yo… quisiera volver a la escuela —dije un poco apenado.
—¡No, Gabi! ¡Aún podemos divertirnos! —Charly parecía
decepcionado.
—No, hermanito, tu amigo se está enfermo. Quizá le cayó mal
la salchicha que ha comido antes, será mejor dejarlo descansar en el instituto.
—Deacuerdo… —el pelirrojo hizo un puchero y yo me sentí mal,
pero solo quería estar en mi cama y recostarme un rato.


2 comentarios:
¡Es increíble!
Me ha encantado, espero que la sigas pronto e.e
Saludos del Distrito (México) :)
Me gusto mucho, ojalá y yo escribiese tan bien como lo esta aquí, ya que mis escritos no tienen este estilo.
Creo que me aleje del meollo de mi opinion.
Lo que quería decir es... ME GUSTOOOO!!!!!
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